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🐾 Cómo nació nuestra pasión por los bóxers
Nuestra historia comenzó no con un criadero, sino con un regalo nacido del amor. Rosa María de la Torre —“Ma”, como todos la conocíamos cariñosamente— fue la gran matriarca de nuestra familia. Amaba profundamente a los perros, y aunque siempre soñó con tener un Bóxer, la vida le puso otras prioridades. Viuda desde muy joven y con tres hijas pequeñas, dedicó cada día de su vida a sacarlas adelante. No hubo lugar para mascotas, pero su amor por ellos jamás desapareció.
Décadas después, ya enferma y en los inicios de su octava década, su nieta, Marcela Jiménez, decidió cumplirle ese viejo anhelo: le regalaría su primer bóxer. Marcela vivía en Puebla y “Ma” en la Ciudad de México, así que le avisó por teléfono que en unos días le llevaría una cachorra. Le pidió que pensara un nombre para su tan esperada compañera. Pocos minutos después, Rosa María llamó de vuelta: ya sabía cómo se llamaría. “Rorra”, dijo. Un nombre que sorprendió a todos, porque así la llamaban de joven, cuando su belleza interior y exterior iluminaba a quienes la rodeaban.
Cuando le preguntaron por qué ese nombre, respondió con una serenidad que aún nos conmueve: “Porque cuando yo ya no esté por aquí y ustedes me necesiten, podrán encontrarme en ella.”
Muy poco tiempo después, “Ma” partió, pero Rorra se quedó. Y con ella, nació algo más que un recuerdo: nació un legado. Criadero Le Chevallier es fruto de esa semilla de amor puro, de ese gesto sencillo pero eterno. Hoy, cada cachorro Bóxer que criamos lleva consigo ese mismo cariño, esa misma entrega y ese mismo espíritu que “Ma” y “Rorra” dejaron en nosotros.
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